miércoles 1 de julio de 2009

A la sombra de la Gloria Capitulo II

Segunda parte del capitulo II

_¿Sabes pequeña?, extraño también las travesuras de mis hermanos, y los sueños, esos sueños que quedaron convertidos en cenizas y arremolinados en un abismo de nostalgia.
Solía correr por la campiña, cortando flores silvestres y tejiendo guirnaldas, con las que adornaba los dorados cabellos de mi madre. La recuerdo feliz, sentada al piano, en aquellas veladas inolvidables, ante el silencio de todos nosotros que observàbamos extasiados sus pequeñas manos recorriendo el teclado_ interpretando desde su magia una música selecta_Yo volaba con mis pocos años por, Austria, Polonia, Hungria, Alemania, admirando a esos grandes compositores que me sonreían desde cada nota. De allí nació mi amor por la música; llegué a practicarla con cuanta cosa se acercaba a mis manos, vasos, botellas y hasta un serrucho. No pude dedicarme a ella, para mi padre ese era un pasatiempo de mujeres y holgazanes.. Esas veladas me acompañan aun en mis largan noches de insomnio, porque a pesar de los años transcurridos e innumerables tratamientos, no he podido superar este trauma; resabios que quedaron de la guerra_.
Quizá por tan sensible y ante las noticias de posibles conflictos internacionales, su padre decidió enviarlo al Colegio Sainte Croix, institución liderada por padres jesuitas, que se caracterizaba por su rígida educción y selecto alumnado.
Por allí, pasaron hombres como Antoine de Saint Exupèry, creador de "El Principito", hijo del conde de Saint EXupèry de Marie Foscolombè, también de la nobleza.
Muchas veces el pequeño Maurice pasaba con Antoine largas temporadas de verano en le Chatèau de LA Mòle, castillo solariego del abuelo su amigo.
Con los años ambos tomaron caminos distintos, Antoine se convirtió en un intrépido aviador, civil y militar. Murió muy joven, a los cuarenta y cuatro años. Curiosamente como Duclos , ambos vivieron y trabajaron en Argentina.
Estos fueron años dificiles, por tanta disciplina. En el colegio eran estrictos y castigaban a los niños. Una conversaciòn en clase, una mancha de tinta en los dedos, provocaban una fuerte reacción en los maestros, quienes los azotaban con finas varas, golpeaban sus dedos con el puntero o los obligaban a arrodillarce durante horas pero a cambio la enseñanza era impecable. Allí Maurrice aprendió primeros auxilios , algo que le sirvió en años de guerra, para socorrer a compañeros heridos y también a soldados contrarios,_ Mírenlo_ Decía Maurice_ si solo es diferente a nosotros porque viste otro uniforme_La mirada de agradecimiento del soldado pagaba con creces la reprimenda de sus superiores.
_¿Sabes Lydià? el colegio era un lugar triste donde no podíamos demostrar nuestro sentir. El hogar lejano,la falta de mi familia, la Primera Guerra Mundial, marcaron mi infancia para siempre. En las noches ante el ruido de los aviones enemigos y las explosiones y nuestros profesores repetían siempre lo mismo_¡Debes ser valientes_ Valientes,¡que palabra sin sentido¿, lastima que lo emprendí años mas tarde..............